La belleza de las Auroras Boreales
Extasiado, apoyé mis codos en la pequeña valla de madera que delimitaba aquel prado blanco por la nieve. Miré al cielo. Destellos de luces infinitas; un arco iris surgido de la nada, y aquel cielo nocturno que se iluminó alcanzando el más profundo de mis sentidos. Aurora, diosa romana del amanecer; Boreas, dios griego cuyo nombre da origen al viento… y ese cielo rojizo, casi sobrenatural que evoca nombres de dioses, paraísos no terrenales…

Desde el cielo alguien muy especial observa conmigo esta Aurora. Y entonces recuerdo, cuando sentado junto a mí, los dos perdidos en aquel cielo inmenso, él me explicaba que las Auroras se forman cuando partículas cargadas, protones y electrones, que proceden del Sol, son atraidos por el campo magnético de la Tierra e inciden en la atmósfera cerca de los Polos terrestres.

Las partículas chocan con las moléculas de Oxígeno y Nitrógeno del aire, y es tal el nivel de energía que se desprende de esa colisión, que cuando vuelven a su estado de reposo natural desprende toda la energía absorbida en la colisión en forma de luces sorprendentes.

Saqué mi cámara digital, y él siempre dispuesto a ayudarme, protector, me comentó que utilizara un objetivo de entre 28 y 35 mm. y exposiciones de hasta 30 ó 40 segundos máximos, ya que de pasarme las estrellas saldrían movidas sólo por el movimiento de rotación de la Tierra.

Isos bajas… me comentó. En exposiciones más altas aparecerá demasiado ruido. E incluye elementos del paisaje para tener una referencia, que no sean sólo las luces…

Y allí, con los brazos a la espalda, ahora, con mis recuerdos y aquellas luces, me quedé, esperando…

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